miércoles, 1 de julio de 2015

Letanías.

Enciendo un cigarrillo y pienso en escribirme la otredad para darme compañía,
Saboreo la muerte airada entre mis labios en estelas de blanca libertad.
Contemplo el tiempo al ver mi respiración.

Conjuro en silencio a la musa de mil rostros,
hasta que de nuevo, la hija del azar se posa sobre la hoja blanca,
Y te dibujo, con mis letras te dibujo una boca de tinta, la boca dibujada entre todas para escribir entre mis poros, hago nacer el deseo sobre esos labios en la armonía de ese rostro que me mira, de cerca me mira, con ojos que me encuentran y muerden tibiamente, lamiéndo con los parpados, apoyando apenas los sueños sobre los hombros, en la profundidad del pelo en que se pierde mi palpitación.
Mis letras te pintan con otra desnudez, la desnudes de mi tacto en que te siento dentro de mi pluma, el ansia con el infinito  encuentro de un espejo frente a otro, te replica mil veces, siempre tú, la misma y cambiante tú.
Como una idea, todo el mundo se desvanece, al tocate.
Te beso, Al cerrar los ojos, te beso.

Arrodillados
mis labios
alcanzan
tu respiración.


Dos ceros que
se encuentran
son uno.
simple.
Resuelto.
Uno.

Bebemos la vida,
un instante
nos hace
presentes.

Me reconoce
Con un soplo
Tu mirada.
Habitamos
la trasparencia
despojada
Entre nosotros.

Siento
La sentencia
Justa
Del mundo,
tus pasos
con los míos.

Anhelo la gracia de tus gestos vivos, encantadores.
para encontrar el reflejo exacto de ti.

Con esa manera tuya de guardar silencio,
de sonreír y decir dulces sueños.

Para así repetirte tantas veces,
siempre la misma y siempre distinta,
enamorada de tu mutable identidad.
Extiendo la mirada sobre ti, para que seas mi poema y yo tu tinta, para escribirnos el amor.

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