viernes, 26 de diciembre de 2014

Fragmentos: V



(...) Una vez más, la vio romper el día con su cabello flotando entre la luz  color durazno, mientras el horizonte incontenible se sonroja. Imaginó dejar  un beso sobre la brisa y rogó floreciera el cerezo sobre sus labios. La había visto días atrás caminar sobre la arena y apretar la mano vacía, en más de una ocasión miró como su presencia limpiaba lo áspero del mundo. Caminaba tras ella para sentir sobre sus ojos los pasos dejados en la arena, en su iris se adentraba su figura, como lo hace la moneda arrojada al pozo  por un deseo, igual a una semilla germinando bajo la tierra, sus pupilas florecían. Su parpadeo la besaba con la mirada.  Llegaba la oscuridad a vestir su ausencia. En las noches de insomnio, el gorrión no dejaba de cantar bajo su pecho,  habían tantos sueños que no recordaba, pero que sin duda lucían como ella. Su imagen le pintaba el pensamiento para sostenerlo en su luz.  Preguntas lo aguardaban, sobre el equilibrio perfecto de las olas. A qué sabe su aroma? Por qué su figura la quiero tocar? La música transpirada de su piel vainilla le desnudaba el alma,  aún sin conocerla desde siempre la extrañaba. Ilusiones lo asaltaban a cada instante, peticiones en secreto la buscaban, “llueve, llueve sobre mí, toda tú lluéveme, que tu blancura caiga a gotas de estrella sobre el manto celeste, que mis poros beberte quieren, lléname de esa esencia tuya hasta derramarme sobre ti” y así gastaba su aliento, una a una  clamaban sus silenciosas pretensiones. A la mañana siguiente caminó sobre la falda del mar, escribiendo su nombre Violeta sobre la espuma de las olas que se alzan perpetuas intentando tocar el sol, como él. En un pensamiento fugaz, desvistió lentamente sus venas, la tinta esférica caía sin duda como los pétalos, sólo para sentir el reflejo de su sonrisa sobre el agua al limpiar su camino, con su sangre repitió por siempre la búsqueda, el susurro y la caricia tras su andar (...)

No hay comentarios:

Publicar un comentario